El primer héroe universal a toda China es Yu el Grande
大禹 y fue
el sucesor de Huang Di y el fundador de la Dinastía mítica Xia.
Accedió al trono en el 2207. Es además el protagonista del mito del
diluvio universal en China, en la que sin embargo, sufre una ligera
variación, el centro de atención no son las torrenciales lluvias
sino el desbordamiento de los ríos, un fenómeno familiar a la
geografía china. Según una la leyenda registrada en el Shujing o
Libro de la Historia1:
“Yu, fue sucesor
de Gun, encargado de ordenar la tierra, controlar las aguas y de
establecer las nueve provincias chinas, venció a las nubes y a la
lluvia en el Monte de Nubes y de Lluvia. No intentó poner diques
sino encauzar las aguas [...] Yu llegó a hacer una brecha en las
montañas de Longmen y abrir el desfiladero de Mengmen, por donde las
aguas se canalizaron”.
En otra versión,
compuesta y arreglada por Rémi Mathieu utilizando todos los
diferentes textos antiguos, encontramos una leyenda un poco más
coherente:
Cuando volvió a
casa, sus dedos habían perdido las uñas, tenía un ataque de
parálisis que le dejó hemipléjico y arrastraba una pierna. Por eso
ejecutaba las danzas chamánicas vestido con una piel de osos que se
llamarían después El Paso de Yu (que será una danza ritual
taoísta). Gobernó después en calma y en paz. “
Es curioso que en
esta leyenda, comparado con todas las leyendas del diluvio, no se
concibe la inundación como un castigo divino, sino que se consideran
fenómenos de una naturaleza salvaje. La labor de Yu el
Grande, fue la de ordenar la Tierra, canalizar las aguas, dividir el
mundo, medir el espacio. Vemos pues, como ya desde los orígenes
prehistóricos, es decir, antes de la Historia, la canalización de
las aguas era un tema primordial. Canalizar las aguas es lo
opuesto o la antítesis de obstaculizarla, de oponer resistencia.
Sin
entrar a considerar la veracidad histórica, lo importante es
reconocer la significación simbólica que expresan en las
tradiciones y en los mitos. El diluvio se distingue, entre otros
cataclismos, por su carácter no definitivo. Es un paso, un “Signo
de la regeneración y germinación” de
la vida humana, que se debe disolver a fin de poder reaparecer. Si
las formas no fuesen reabsorbidas y regeneradas, estas se
desmoronarían, agotarían sus posibilidades creadoras y se
extinguirían definitivamente. Frente a la regresión lenta a formas
subhumanas, el diluvio trae la reabsorción
instantánea en las aguas, donde los
pecados se purifican y nace la nueva humanidad regenerada.
1Ver
Legge, Shujing,
Yiji,
p.77.
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